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   Magister Psiconeuroinmunoendocrinología y Psiconeurofarmacología  
 
Angel Giobbi

En nuestra cultura nos encontramos con algo de paradójico respecto de la conceptualización de la medicina y acerca de los que la practican. Muchos médicos estamos interesados por las humanidades desde las artes, y aún la filosofía reflexionando más en profundidad sobre la condición humana, tratando de manera perspectiva sus dimensiones psicológicas y sociales. Sin embargo las facultades de medicina en su mayoría no tienen en cuenta en gran medida estas dimensiones humanas, pues se concentran en la fisiología y la patología del cuerpo propiamente dicho.

La medicina occidental, especialmente en EEUU, llegó a la gloria a través de la expansión de la medicina interna y la cirugía, cuya finalidad era el diagnóstico y el tratamiento de los órganos y sistema enfermos en todo el cuerpo. El cerebro como tal se incluyó en el esfuerzo, pero su producto más precioso, la mente, ha tenido poco interés para la medicina corriente y, de hecho, no ha sido el objetivo principal de la especialidad que surge del estudio de las enfermedades cerebrales: la neurología.

El resultado de de eso ha sido una amputación del concepto de humanidad con que la medicina realiza su trabajo.

El problema que plantea el abismo entre el cuerpo y la mente en la medicina occidental todavía no ha sido articulado en el público en general, aunque parece haber sido detectado.

Es poco probable que vayan a disminuir en el corto plazo la proclamación de sentimientos heridos, la suplica desesperada para que se corrijan el dolor y el sufrimiento humano, el clamor incipiente por la pérdida de un sentido de equilibrio interior y de felicidad que nunca acabaron de conseguirse y a los que la mayoría de los seres humanos aspiran.

No sería lógico pedir que la medicina, por si sola, curara a una cultura enferma. Es igualmente ilógico ignorar este aspecto de la enfermedad humana.

El ejercicio de la medicina en la sociedad actual implica una disposición personal del médico a escuchar el tiempo necesario con una actitud profesional sensata, amplia y compasiva.

Mi reconocimiento a quien fuera en vida un gran humanista, médico, historiador y educador: El Dr. René Favaloro, y a los dres. Luis María Zicher, Sebastían Alvano, Jorge Medima, Valeria Edgar Jaime Moguilevky, Daniel Carinali.

Dr. Angel V. Giobbi


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